Medicina biológica integral

   
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Indignante política del miedo de la OMS
02-03-2011

 

 

La actuación de la Organización Mundialde la Salud (OMS) en el asunto de la gripe A haciendo catastróficas predicciones carentes de base científica y aconsejando para evitar ese panorama el consumo de antivirales y que se vacune de forma masiva a millones de personas cuando ni siquiera se puede saber a día de hoy si la futura vacuna que se apruebe será segura o eficaz ha creado un estado de pánico a nivel mundial que sitúa a esa organización otrora prestigiosa como cómplice de una indignante política del miedo. De hecho los científicos que han estudiado el tema con seriedad entienden que no hay razón alguna para vaticinar una próxima ola mortal a causa de la gripe A; ni siquiera más grave.

¿Puede causar la muerte de alguien por sí sólo el A-N1H1 –presunto virus responsable de la llamada gripe A- estando una persona sana? Pues a pesar de lo que intenta hacerse creer todo indica que NO. Ciertamente hay personas con serias patologías de base previas que han muerto tras contraer ese virus -cuyo sospechoso origen sigue siendo objeto de debate (lea en nuestra web -www.dsalud.com- el artículo que al respecto publicamos en el nº117)- pero eso no prueba que fuera la causa. Y es verdad que hay casos así en todo el mundo pero no es menos cierto que son muchas más las personas que este verano han sufrido ya tan extraña gripe y apenas han tenido que hacer otra cosa que permanecer unos días en cama. Sin embargo esos raros casos, absolutamente excepcionales –y de los que, insistimos, no puede asegurarse que murieran a causa del virus por el mero hecho de haberse contagiado de él- se han presentado en constante goteo ante la sociedad de forma premeditada e interesada como algo preocupante lo que ha ido alimentando -gracias a la ayuda de los medios de comunicación- la caldera de ese miedo irracional que atenaza hoy a gran parte de la sociedad. Miedo que lleva a la gente a pedir que se liberalice la venta de antivirales y a clamar por vacunas para todos a pesar de que ni su eficacia ni su seguridad se conocen. Es más, en un arranque de pánico se pide que se vacune a todos los niños, a los ancianos, a las mujeres embarazadas, a los enfermos crónicos... ¡Sin valorar que la vacuna podría ser infinitamente más peligrosa que la gripe A! Y es que el miedo hace a las personas irracionales.
Ni siquiera se valora que si en España –y se afirma sin probarlo- han muerto 22 personas en unos meses a causa del virus de la gripe A... la gripe estacional, la de cada otoño, lleva al óbito sólo en nuestro país a 8.000 personas al año. O lo que es lo mismo, a 22 personas... pero cada día. Y díganme, ¿cuántas veces han visto ustedes abrir un informativo de radio o televisión con esa noticia?¿O a un diario dedicar a ello la portada o un titular a toda página?
Y poco importa que ya se haya demostrado que si bien la gripe A es quizás más contagiosa que la gripe corriente también es ¡mucho menos grave! Porque aquí parece no entenderse que en los países del hemisferio Sur ¡están en invierno! Luego ya existe experiencia. En Australia por ejemplo, la Ministra de Salud Nicola Roxon declaró a principios de julio que “la mayoría de la gente, incluyendo los niños, experimentarán síntomas muy leves y se recuperarán sin ningún tipo de intervención médica”. Bueno, pues a día de hoy la situación lo confirma. Ha pasado el otoño y ¡nada ha cambiado!
Sin embargo en los países del Norte, donde el verano parece atontar algunos cerebros, cada muerte que se achaca a la gripe A se airea de forma alarmista en un comportamiento de los medios de comunicación que sólo puede calificarse de irresponsable. Vivimos en un clima de infopánico creado y mantenido de forma premeditada cuyo origen visible, más allá de las extrañas conexiones que uno pueda o quiera hacer sobre quiénes son los realmente beneficiados con él, está en la forma de gestionar el problema por parte de la Organización Mundialde la Salud (OMS). Basta tener algo de memoria.
Fue la OMS la que el pasado 25 de abril declaró que los brotes de “gripe porcina” que se habían hallado en algunos sitios de México y Estados Unidos constituían una “urgencia en términos de salud pública” y un “evento de preocupación internacional”. Al punto de que su Directora General, Margaret Chan, pidió que se extremara la vigilancia sobre los casos de gripe en todos los países. Y decretó ya una alerta pandémica de nivel 3 (en una escala de 6). Apenas unos días después, el siete de mayo, el Director Adjunto de la OMS, Keiji Fukuda, aseguró que ¡un tercio de la humanidad! podría contraer la nueva gripe en el 2010. Así que en unos pocos días se saltó de un nivel de alerta a otro llegando el 11 de junio al nivel 6. La gripe A se convertía así en la primera pandemia en 40 años.
Todo ello sin que laOMS aclarara a la opinión pública -porque no ha sabido o porque no ha querido- que en realidad los criterios para definir una pandemia ¡se habían cambiado hacía poco! y que ahora el término tiene que ver sobre todo con la extensión de la misma –es decir, con su distribución geográfica- ¡y no con la gravedad de la enfermedad!
Tom Jefferson,conocido personaje a nivel mundial que ha trabajado durante 15 años enCochrane Collaboration -red internacional sin ánimo de lucro encargada de verificar la fiabilidad de los ensayos clínicos- y profundo conocedor del problema fue interrogado porDer Spiegel hace poco sobre este tema: “¿Cree usted -le preguntaron-que la OMS declaró la pandemia antes de tiempo?” Y ésterespondió: “¿No cree que hay algo digno de mención en el hecho de que la OMS haya cambiado su definición de pandemia?La antigua definición se refería a todo nuevo virus que se extendiera rápidamente, para el que no hubiera inmunidad y pudiera  provocar una alta morbilidad y mortalidad. Ahora los dos últimas condiciones se han retirado y así es como la gripe porcina ha sido catalogada como una pandemia”.
Y es que no conviene olvidar que lo que se declaró como pandemia fue ¡la gripe porcina! Que el responsable era un virus que se transmitía de los cerdos a los humanos. Solo que luego se demostró que no era verdad. Que ese virus no se transmitía del cerdo al hombre. Así que decidieron que el virus era otro –el mismo N1H1 pero de otra cepa- al que decidieron llamar virus de la gripe A en lugar de virus de la gripe porcina. Y a pesar de que la explicación carecía por completo de sentido la gente se la creyó. “¡Lo dicen los que saben de esto!”Y eso para los que de “esto” no saben absolutamente nada es suficiente. Para la mayoría la autoridad es la autoridad. Ya saben: lo que diga el “jefe” se acata. Y la campaña para meter a la sociedad el miedo en el cuerpo prosiguió. Esta vez con referencias continuas a la gripe española que dejó millones de muertos en toda Europa. ¡Como si la virulencia de ambos virus fuera similar! La máquina del miedo necesitó luego muy poco más para ponerse a velocidad de crucero. Y la respuesta fue la esperada: los países desarrollados pusieron de inmediato miles de millones de euros a disposición de la industria farmacéutica para que ésta buscara una vacuna salvadora. Y ésta, ávida de dinero fácil, lo prometió: ¡estará para el otoño! Cuando ha sido incapaz de encontrar vacuna alguna para los miles de virus que nos asolan. Bueno, pues para este virus no había problema alguno. Y prometieron que en unas semanas habría ya ¡millones de vacunas fabricadas!
Así que quienes están detrás de este gigantesco negocio decidieron que había que hacerlo lo más grande posible. Es en España el caso -por ejemplo- del Partido Popular que, siempre en coincidencia con los intereses de la industria farmacéutica, grita ahora ¡Vacunas para todos! Y no faltan tampoco quienes –como en Estados Unidos- reclaman la vacunación obligatoria en lo que sería una clara violación de los derechos individuales. Claro que ya poco puede extrañarnos después de saber que para evitar una posible “epidemia de Sida” hay grupos de presión norteamericanos que están planteando que en su país la circuncisión sea ¡obligatoria para todos los bebés y adultos de los “grupos de riesgo”! Cuando lo de que haya allí una epidemia de Sida es otra gigantesca falsedad.
Como falsas fueron las razones que tras el 11 S permitieron a George Bush hijo aprobar una legislación que permite ¡en caso de pandemia! declarar el estado de emergencia y someter el país al control del ejército. Es más, la ley permite ¡la creación de campos de internamiento/cuarentena y la vacunación por la fuerza! Eso en “el país de la libertad”.

¿ES CREÍBLE LA OMS?

Siempre es bueno tener en cuenta el pasado para no equivocarse demasiado en el presente. Así que no estará de más recordar el último fiasco de la OMS. A finales de septiembre del año 2005 la Organización Mundialde la Salud hizo tañer la campana del miedo. A bombo y platillo habló de la existencia de una nueva epidemia causada por la gripe aviar, y su portavoz Dick Thompson no dudó en señalar como razonable esperar una cifra cercana a los siete millones y medio de muertos en los primeros países afectados. Pocos días después David Nabarro, en uno de sus primeros actos como coordinador de laAgencia de la ONU para luchar contra la gripe aviar, advirtió que los fallecimientos podrían llegar hasta los 150 millones de habitantes en el planeta.
El miedo recorrió la columna vertebral del mundo occidental poco acostumbrado a convivir con la muerte. Las portadas eran ocupadas por la muerte de ¡animales! pero no por millares, ¡no! Un loro muerto aquí, otro pájaro allí, ocupaban los titulares de los periódicos, temblamos con cada cisne muerto y, de paso, llevados por la histeria, amenazamos el futuro de nuestra industria avícola y de las granjas ecológicas. En julio del 2006 la muerte de un ave en Vitoria ocupó las portadas de los informativos bajo el titular “Primer caso de gripe aviar en España”. No se aclaraba en los titulares que se trataba de un ave acuática silvestre y no de una persona.
Mirábamos al cielo y nos parecía que las aves eran bombarderos dispuestos a descargar su carga de muerte en cualquier momento. Pero a falta de muertos reales los ciudadanos occidentales, comenzaron a ser bombardeados con viejas fotos en blanco y negro de pabellones abarrotados de enfermos y decenas de tumbas de los muertos abatidos por la gripe española del 18... aunque tal gripe nunca fue española ya que se inició en un campamento militar de Kansas en marzo del 1918, curiosamente también en primavera como dicen que ha surgido la gripe A.
En noviembredel 2005George Bush, comparecía ante los medios junto al entonces Director General de la OMS, en los Institutos Nacionales de la Salud y realizaba una declaración de alcance planetario alertando de una “posible pandemia”. De hecho, sus primeras palabras las dedicó a meter miedo recordando una vez más la gripe de 1918. “En el último siglo –dijo Bush- nuestro país y el mundo han sido víctimas de tres grandes pandemias de gripe y los virus de las aves contribuyeron a todas ellas. La primera, la de 1918, mató en torno a medio millón de norteamericanos y a más de 20 millones de personas en todo del mundo”. Después de avivar el fantasma de los millones de muertos señaló directamente a la gripe aviar: “La comunidad científica está cada vez más preocupada por un nuevo virus de la gripe conocido como H5N1 o gripe aviar”. El mundo occidental se dispuso a correr como pollo sin cabeza a la búsqueda de soluciones.
Y también entonces como hoy se miró a la industria farmacéutica. Bush anunció acto seguido que iba a solicitar al Congreso una partida económica extraordinaria para hacer frente al pánico virtual creado interesadamente. Se llegó a hablar de dos millones de muertes posibles en los Estados Unidos. Se destinaron mil doscientos millones de dólares para la adquisición de vacunas para proteger a veinte millones de estadounidenses, dos mil ochocientos millones para la investigación de métodos más rápidos de producción de antídotos contra la enfermedad y mil millones más para la compra de medicinas. Entre ellos y a la cabeza el ya popular Tamiflu, del que habláremos ampliamente en el reportaje dedicado a los antivirales. Sólo unos días después del anuncio de Bush, el Tamiflu se convertía en lo que la industria denomina un blockbuster o fármaco estrella, un medicamento capaz de alcanzar 1.000 millones de dólares anuales de facturación. También España se apresuró a comprar y a almacenar hasta hoy 10 millones de dosis. ¿Para qué?
Según datos de la propia OMS en los Estados Unidos hasta el día de hoy no se ha producido ni un solo fallecimiento por gripe aviar, de los dos millones anunciados. Y desde el 2003 en que aparentemente se inició el brote aviar en Asia han muerto en todo el mundo tan sólo 426 personas infectadas por el H5N1, de las cuáles 258 fallecieron en el sureste asiático, cuyas condiciones sociosanitarias en muchos casos conocemos. Mientras, muchos se hicieron ricos con el miedo ajeno.
Ahora de nuevo volvemos a vivir con la angustia de la pandemia. Sobre la base de sus propias extrapolaciones, la OMS está afirmando, que “hasta 2 mil millones de personas podrían infectarse en los próximos dos años - casi un tercio de la población mundial”.
“Es cierto que los virus de la gripe son imprevisibles –declaró Jefferson- por lo que requieren un cierto grado de cautela. Pero una de las características extraordinarias de esta gripe –y del conjunto de las gripes- es que hay algunas personas dedicadas a hacer predicciones año tras año, cada vez peores. Ninguna de ellas hasta ahora se han cumplido, y a pesar de ello estas personas todavía siguen en sus puestos haciendo predicciones. Por ejemplo, ¿qué pasó con la gripe aviar, que se suponía iba a matar a todos? Nada. Pero eso no detiene a estas personas de hacer sus predicciones. A veces se tiene la sensación de que existe toda una industria a la espera de que se produzca una pandemia”.

¿SON CREÍBLES TALES CIFRAS? 

Dado el nulo acierto de la OMS a la hora de predecir damnificados cabe preguntarse de dónde salen sus agoreras cábalas. Fijémonos al menos en el conteo diario. Una y otra vez la OMS ha sostenido en la “letra pequeña” de sus comunicados que la pandemia es moderada y que en la gran mayoría de los casos se presentan síntomas leves superables en pocos días. Además en su desarrollo es bastante parecida a la gripe común con la que en la mayoría de los casos puede confundirse. Y eso sin tener en cuenta que ¡existen más de 200 virus que pueden provocar síntomas parecidos a los de la gripe! en los que no parecen estar demasiado interesados ni los investigadores ni la industria ni los médicos ni los políticos ni los periodistas...
Ya desde el comienzo la OMS se enredó con las cifras. Para empezar se distorsionaron los datos de mortalidad en México relacionados con la aún entonces denominada gripe porcina. Cuando casi ni siquiera se tenía conocimiento exacto de las pruebas de laboratorio que había que realizar para diferenciar una gripe de otra dirigentes de la OMS -en declaraciones del 29 de abril de este año- ya hablaban de 176 personas muertas por ella sólo en México. ¿Y de dónde salió esa cifra? Porque según datos posteriores de la Secretaría de Salud de México en el país murieron 159 personas a causa de la gripe de las que sólo siete –según los análisis de laboratorio- estaban infectadas por la cepa del virus H1N1, denominadoCalifornia por ser el lugar donde se detectó por primera vez aunque su origen se haya atribuido a México.
Bueno, pues a pesar de este significativo precedente, a pesar de la clara posibilidad de confundir ambas gripes -la estacional o común y la gripe A-, la propia OMS descartó en julio pasado la necesidad de seguir publicando datos confirmados por laboratorio. “El creciente número de casos en muchos países con transmisión sostenida en la comunidad –decía su nota informativa de 16 de julio- está haciendo extremadamente difícil, si no imposible, para los países tratar de confirmarlos a través de pruebas de laboratorio. (…) Una estrategia que se concentra en la detección, investigación y confirmación por el laboratorio de todos los casos, incluidos aquellos con enfermedad leve, supone ingentes recursos. En algunos países esta estrategia está absorbiendo la mayoría de los laboratorios y la capacidad de respuesta dejando poca capacidad para la vigilancia y la investigación de casos graves y otros acontecimientos excepcionales (…) Por todas estas razones la OMS ya no publicará cifras que indiquen el número de casos confirmados de todos los países”. Ahora bien, siendo así y si hoy no se habla ya de casos confirmados, ¿de dónde salen entonces las cifras de afectados que están proporcionando las autoridades sanitarias?
En España, como consecuencia de la estrategia acordada por el Pleno del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, está instaurada la denominada Red de Médicos Centinelas del Sistema de Vigilancia de Gripe que se encarga de transmitir la información sobre los casos observados y, a partir de ahí, hacer una extrapolación estadística para todo el país. Es decir, a partir de los casos que esos “médicos centinelas” –que cubren sólo al 2% de la población- diagnostican como “síndromes gripales” -sin obligación de hacer un análisis para confirmarlo, salvo excepciones- es como se calcula el número de afectados con gripe en relación con la población total que atiende cada médico y, después, la tasa nacional semanal.
Tomemos como ejemplo el comunicado del Ministerio de Sanidad del pasado viernes 14 de agosto: “A partir de la información remitida por la Red de Médicos Centinelas del Sistema de Vigilancia de Gripe en España la tasa estimada de gripe en atención primaria en la semana del 3 al el 9 de agosto fue de 32,89 casos por 100.000 habitantes. Esto permite calcular que en España se podrían haber producido en la semana mencionada 14.697 casos de gripe clínica. De los casos analizados el 97,9% han resultado positivos para el nuevo virus de la gripe A/H1N1 y, por tanto, se estima que el número de casos de la nueva gripe pandémica A/H1N1 que podrían haber ocurrido esta semana sería de unos 14.391”.
Sencillamente grotesco. Se trata todo de estimaciones basadas en casos de gripe no confirmados en laboratorio cuando, como ya hemos dicho, hay más de 200 virus que causan síntomas similares. Y por si fuera poco no se nos dice cuántos han sido los casos realmente “analizados”. Porque, ¿a alguien le parece creíble que los 14.391 casos se hayan confirmado en el laboratorio en una semana? ¿Dos mil ciento treinta y tres casos al día? La respuesta es clara: NO.
Hace muy pocos días una persona llamó a una emisora para contar que a un amigo suyo le habían diagnosticado gripe A a pesar de que ¡no le habían hecho ninguna prueba de laboratorio! ¿Cómo podía estar seguro el médico entonces –preguntaba- de que fue la gripe A y no la estacional u otro virus? Sin respuesta. Y eso que una y otra vez se ha recordado desde el propio Ministerio de Sanidad que los síntomas son en la gran mayoría de los casos muy similares.
Así que si la OMS no está recogiendo datos reales sobre la propagación de la gripe A en nuestro desarrollado país, ¿qué tipo de datos estará recogiendo en los menos desarrollados y organizados? ¿Cómo calcula la OMS –y qué fiabilidad tienen pues sus datos- el alcance de la pandemia? Pues parece estar aplicando en el caso de esta nueva gripe el Método Bangui de detección que es el que se utiliza para el Sida en África. Es decir, para contabilizar el número de afectados no se recurre tampoco a cifras reales y a resultados de laboratorio: se sigue un sistema de “síntomas mayores y menores” diseñado ex profeso para el Sida por el cual puede ser declarado seropositivo una persona que en realidad padezca otra enfermedad de entre las cerca del centenar de patologías con síntomas coincidentes. Un método subjetivo y carente de rigor científico que ha sido cuestionado tan amplia como duramente.
El Servicio Nacional de Control de la Pandemia de la gripe en Gran Bretaña, por su parte, se basa en rellenar un formulario on line para evaluar los síntomas. Y luego, si quien lo revisa considera que las respuestas se adaptan al perfil de alguien con gripe A se le emite un número de autorización para que recoja un antiviral local en su Antiviral Collection Point. Un método tan fiable que hace muy poco se constató que a un enfermo de meningitis que falleció se le había diagnosticado con este sistema la gripe A. En suma, es una versión delMétodo Bangui pero encima sin la presencia de médico alguno. No es de extrañar pues que las cifras en Gran Bretaña se disparen, máxime si tenemos en cuenta que debido al miedo la gente anda como loca buscando antivirales.
Así que si nos remitimos a las cifras realmente importantes, las de fallecidos –casos en los que es de suponer que sí debe haber evidencias de laboratorio que avalen la existencia del virus de la gripe A-, veremos que a 24 de agosto –cuando estas líneas se escriben- habrían muerto desde el inicio de la pandemia en todo el mundo 2.572 personas. Una media de 643 muertos al mes ¡en todo el mundo! Y eso teniendo en cuenta que en el hemisferio Sur ha pasado ya el otoño, se vive el invierno y aunque se han detectado algunos casos más de gripe que otros años no ha habido ninguna tragedia. La situación es similar a años anteriores y el número de muertes no ha aumentado significativamente. Y ha sido así ¡sin vacuna alguna para la gripe A! Así que a ver, ¿qué tienen decir los videntes agoreros de la OMS?
Pues es sencillo. Siempre puede encontrarse una excusa. Y la que ahora han buscado es que es “posible” que en el próximo invierno el virus de la gripe estacional o común que va a afectar al hemisferio Norte –les encanta jugar a videntes aunque fracasan en sus previsiones una y otra vez- uno del tipo H1N1 llamado Brisbane “podría” interrelacionarse con el H1N1 de la gripe A.
También se dice que el virus de la gripe A podría mutar de forma natural. Lo que a juicio de los expertos es muy poco probable… salvo que esté en el calendario de algún laboratorio dedicado a buscar vacunas contra virus fantasmas. Porque la realidad científica es que no hay ninguna certeza de que se vaya a producir tal mutación y además, en el caso de que así fuera, si ésta será o no peligrosa.
Bueno, pues a pesar de todo ello a finales de agosto los titulares de prensa señalaban una vez más: “La OMS predice una ‘explosión’ de contagios de nueva gripe”. Su Directora General, Margaret Chan, advertía de hecho el viernes 21 de agosto que lo peor de la pandemia de gripe A podía “estar aún por llegar” y por tanto la comunidad internacional debería estar preparada para afrontar esa eventualidad. “No podemos decir –afirmaría- si lo peor ha pasado o si lo peor aún está por llegar. Debemos prepararnos para una segunda e incluso una tercera oleada del virus como ya ha ocurrido en pandemias pasadas”. En suma, se limita a seguir asustando con posibilidades a la vez que se cura en salud por si no es así: porque en realidad no afirma nada.

NO TIENE POR QUÉ SER PEOR

Además David Morens y Jeffery Taubenberger -del National Institute of Allergy and Infectious Diseases (NIAID), perteneciente a los Institutos Nacionales de Saludestadounidenses- no están de acuerdo con Chan en que las pandemias pasadas sirvan de referencia para anunciar un agravamiento de la situación, un brote más grave y mortal en otoño. Y se trata de expertos que no sólo han estudiado la gripe española sino las 14 epidemias de gripe -regionales o mundiales- de los últimos 500 años.
En un artículo publicado el 12 de agosto en el Journal of the American Medical Association (JAMA) ambos expertos sostienen que “la historia de la pandemia sugiere que los cambios, ni en transmisión ni en su patogenicidad, son inevitables”. La llamada teoría de la “ola anunciada” en la que se apoyaría Chan para sus predicciones catastrofistas se deriva de la creencia de que la gripe española de 1918 -que se calcula mató a entre 20 y 40 millones de personas- comenzó con una ola suave de la enfermedad en primavera que se fue haciendo más mortal a medida que se propagó durante todo el verano a través de mutaciones letales. Morens y Taubenberger sostienen sin embargo que aunque pudieron observarse diversos brotes de gripe en Europa en la primavera de 1918 los virus no fueron debidamente identificados. También afirman que el curso de la pandemia de gripe de 1918 varió enormemente en todo el mundo y en la mayoría de las áreas no se experimentó ninguna “ola de primavera”. Y que el calendario de las sucesivas olas cambió entre las regiones e incluso entre los países. “Lo que sea que ocurrió en 1918 y 1919 –dicen- por la razón que haya sido fue claramente un evento extraordinario. Es la única vez en 500 años que ese patrón se presenta”.
Agregan además que las otras dos pandemias de influenza del siglo XX -en 1957 y 1968- tuvieron una única aparición de temporada y generalmente no se volvieron significativamente más serias en los primeros años de circulación. Para ambos investigadores nada indica además que la gripe A sea parecida a la de 1918 en cuanto a virulencia. Muy al contrario.
Hay una buena noticia –afirman en su texto- y es que las sucesivas pandemias y eventos similares parecen estar disminuyendo en intensidad a lo largo del tiempo. Esta disminución es sin duda debida en parte a los avances en la medicina y la salud pública pero también puede reflejar ‘elecciones’ en la evolución viral que favorecen una transmisibilidad óptima con una patogenicidad mínima. Un virus que mata a sus huéspedes o los envía a la cama no es transmisible de manera óptima”.
En suma, no hay nada en el pasado que lleve a sostener -como de forma reiterada afirma la OMSque deberíamos prepararnos para lo peor.
Tampoco Jonathan Allen y Tom Slezak -del Lawrence Livermore National Laboratory- encuentran similitudes entre la gripe A y las pandemias históricas que se difundieron ampliamente con efectos catastróficos. Allen y Slezak estudiaron los aminoácidos marcadores - sutiles variaciones en la composición molecular de los genes de la gripe- encontrados en un genoma completo de la gripe A de una persona infectada en California así como varios genomas incompletos de otras muestras. Asimismo estudiaron los aminoácidos marcadores en las últimas cepas de gripe que se convirtieron en letales y contagiosas o, comparativamente, benignas. Bueno, pues han calculado la velocidad a la que parece propagarse y mutar el virus de la gripe A -el trabajo ha publicado en BMC Microbiology- y afirman que “si los cálculos son correctos y de acuerdo con otros datos con los que parecen coincidir éste no va a ser un brote catastrófico”. 
Y hay otros datos que apoyan tales conclusiones. El Instituto Nacional de Investigación Médica británico, por ejemplo, ha descubierto que el gen H1 del virus A-H1N1 –el de la gripe A- es similar al gen H1 de otras cepas de H1N1 que además de afectar a las vías respiratorias superiores afectan a los pulmones. En cambio el de la gripe A es más benigno porque no afecta a éstos. Además otro gen del virus de la gripe A –el conocido como NS1- pertenece a una familia de genes que parecen modular la respuesta inmune. La versión NS1 de la gripe A se asemeja pues a otras variantes que igualmente desencadenan siempre reacciones leves.
El doctor Pascal James Imperato -decano de la Escuela de Salud Pública en el SUNY Downstate Medical Center de Nueva York- afirma por su parte al referirse a las pandemias de gripe del siglo XX que “las olas secundarias han tenido prácticamente la misma o incluso menor importancia epidemiológica que la primera”. Y en cuanto a la actual pandemia de gripe A está de acuerdo con la evaluación del National Institute of Allergy and Infectious Diseases (NIAID) que cree que el virus tiene una transmisibilidad relativamente pobre lo que junto al hecho de que muchas personas tengan alguna inmunidad preexistente y haya llegado al hemisferio Norte en primavera hace prever una pandemia suave y con muchas menos muertes que en otras anteriores. “La gripe aún está en circulación –ha afirmado Imperato- y eso significa que mucha gente ha desarrollado protección contra ella. Además tenemos la ventaja de que es un descendiente de otros virus H1N1 que se encontraban en circulación en los últimos años 70 y 80, y las personas mayores tienen una protección sólida”. Por lo que concluiría diciendo: “Es difícil concebir que si el H1N1 vuelve a aparecer en otoño en el hemisferio Norte vaya a haber una epidemia más severa”.
Como vemos, a pesar del miedo desencadenado por la maquinaría mediática voces sensatas han tratado de hacerse oír aunque el eco de sus palabras no haya llegado demasiado lejos. Otro ejemplo lo ha dado el doctor Richard Schabas, director médico delHospital Hastings-Prince Edward de Ontario (Canadá). Y allí si saben de inviernos fríos. “El peor escenarioque deberíamos esperar –ha afirmado- es lo que hemos estado viendo en el hemisferio Sur en los últimos tres meses; algo peor simplemente que un año normal de gripe”.Agregaremos que Schabas ha sido muy crítico con lo que considera“una reacción excesiva” a los virus H1N1 en muchos círculos científicos.
Terminamos recordando que apenas un día después de que la OMS declarara la gripe A como pandemia los conocidos microbiólogos Taia Wang yPeter Palese escribieron a la revista Cell llamando a la prudencia. Y en su escrito afirmaban ya que eran muy pocas las señales de que el virus circulante fuese a provocar una pandemia similar a las del pasado y, además, las vacunas, antivíricos y antibióticos no existían en 1918. “Alrededor de 80.000 niños –escribirían- mueren de malaria y más de dos veces ese número de enfermedades diarreicas en todo el mundo en cualquier período de cuatro semanas. En una escala de crisis mundiales sanitarias el actual brote de gripe porcina H1N1 parece de bajo rango en la lista. ¿Por qué entonces este brote ha causado tal alarma?”
De hecho, aunque algo tarde, la Ministra de Sanidad y Políticas Sociales Trinidad Jiménezempezó a recular el 2 de septiembre:  “Quizás estemos exagerando un poco ya que se trata de una enfermedad que, por la información que tenemos, no tiene un efecto mucho mayor que el de la gripe estacional sino más bien al contrario”. Y desde la propia Organización Médica Colegial no se dudó ya en hablar de “intereses ocultos”: “Estamos ante una epidemia de miedo -afirmaría el doctor Rodríguez Sendín, presidente de la organización- que promueve respuestas exageradas  (…)  Es evidente que hay intereses de todos los tipos, desde económicos, que son los más evidentes, a otros, que pueden ser políticos”.
Nosotros añadiremos que si la gripe A es una pandemia tan terrible como repiten sin sentido los medios de comunicación y a la OMS le preocupa tanto, ¿por qué no la declara un problema de salud pública mundial y autoriza la fabricación de medicamentos genéricos para combatirla? La respuesta está una vez más en la gigantesca cantidad de dinero que antivirales y vacunas va a reportar a los grandes laboratorios farmacéuticos. Y el negocio ya se ha hecho porque se han asegurado el dinero de los estados. Si luego la gente se toma los antivirales o se pone o no las vacunas les da exactamente igual. Algo que los políticos y medios de comunicación que ingenuamente les han hecho el juego aún no entienden.

 

Antonio Muro

 

 

 

 

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