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En la salud y en la enfermedad. La basura que esconde GlaxoSmithKline
01-12-2010

 

Solomon Hughes

 

Solomon hughes nos relata cómo muchos de los directivos de GlaxoSmithKline, la segunda compañía farmacéutica más importante del mundo, también dirigen otras empresas que son responsables de enfermedades, e incluso de muertes. Un negocio redondo.

 

Es muy fácil. Se trata de crear o favorecer la enfermedad para, luego, fabricar uno mismo el fármaco.

Empezando por la cúspide, el presidente de la multinacional Glaxo, Sir Richard Sykes, es también miembro del consejo de administración de Río Tinto, una de las empresas más contaminantes del mundo. Una de sus filiales es la industria de fundición de estaño Capper Pass, situada en la localidad inglesa de Hull.

Tanto los trabajadores como los vecinos de Capper Pass han estado expuestos a unos niveles muy altos de arsénico, plomo, cadmio y polonio-210 radiactivo procedentes de esta industria, que cerró en 1991; desde entonces, han emprendido una lucha muy activa para conseguir que Río Tinto les pague una indemnización.

Estos activistas acusan a Río Tinto de ser la responsable de los cánceres y otras enfermedades de los trabajadores de la empresa y de los niños de la vecindad. Al principio, Río Tinto rechazó estas demandas e incluso se negó a facilitar los historiales de salud laboral de los trabajadores de Capper Pass al abogado del sindicato TGWU que entabló la demanda contra esta empresa. Sin embargo, a partir del mes de junio de 2001, se produjo un cambio súbito y Río Tinto escribió al abogado David Russell, del sindicato demandante TGWU, para hacer constar que “no impugnaría” las demandas de negligencia y que estaba “muy preocupado” sobre este asunto. En la actualidad, la empresa Río Tinto está dispuesta a pagar una
indemnización a los 200 demandantes, con la condición de llegar a un acuerdo previo con ellos y presentarlo al Tribunal.


El informe

Casualmente, el cambio de actitud de la empresa con relación al proceso iniciado por Rusell llegó justo antes de que se diera a conocer un informe en el que, utilizando fuentes de información oficial y de la misma empresa, se culpaba a Capper Pass. Como resultado del acuerdo alcanzado este dosier no se divulgaría, aunque un primer sumario del texto describía cómo los trabajadores habían estado expuestos a sustancias tóxicas de una forma “generalizada y periódica”, y que el río Humber había alcanzado cotas “de vertedero”. El Ministerio de Agricultura advirtió que los peces del río Humber tenían los niveles más altos de contaminación por arsénico de todo el litoral de Gran Bretaña.

El dosier también señalaba la existencia de un encubrimiento por parte de la Administración. La empresa Río Tinto no fue apremiada ni sancionada, pero el por entonces responsable gubernamental de Sanidad señaló que, “si los hechos ocurridos se divulgaban, se podría causar una alarma en la opinión pública”. Mientras que la oferta de Río Tinto fue muy bien acogida por los activistas de la campaña, esta misma oferta llegó demasiado tarde para poder ayudar a Arthur Gray, que murió en el mes de noviembre de 2000, a causa de un cáncer contra el que había estado luchando desde 1993. Gray había sido un antiguo trabajador de Capper Pass que había destacado en su lucha contra Río Tinto. En su funeral, su hijo Michael dijo: “Nunca le faltó el coraje y la determinación, incluso durante su enfermedad, y tampoco se quejó o se refugió en la autocompasión; él ha sido un ejemplo para todos nosotros”.


Otros continentes

Mientras que a los trabajadores ingleses de Capper Pass se les ha ofrecido un acuerdo, en otros continentes sucede lo contrario; tanto los empleados de la mina de uranio africana de la empresa Namibian Rossing, como los habitantes de Panguna, en Papúa, Nueva Guinea (que viven cerca de la enorme mina de cobre), continúan luchando por llevar a Río Tinto a los tribunales norteamericanos y británicos. En resumidas cuentas, Richard Sykes tiene un cargo en el consejo de administración de Río Tinto, una empresa acusada por los activistas de causar cánceres y enfermedades respiratorias, y, al mismo tiempo, dirige la empresa farmacéutica Glaxo, que vende cada año 5.075 millones de e en medicamentos para el tratamiento del cáncer y de las enfermedades respiratorias. Entre los fármacos fabricados se encuentra uno para el cáncer de pulmón, Hycamtin, y otros medicamentos para el tratamiento de enfermedades respiratorias como Flixotide, Serevent, Seretide y Ventolin. Glaxo también vende Augmentine y Zinnat, dos antibióticos para las enfermedades respiratorias.


Eslóganes aberrantes

Sykes, en el consejo directivo de Glaxo, está asistido por Paul Allaire, que también es el director de Sara Lee, un gigante del sector de la alimentación. Mientras que Glaxo tiene como eslógan “Nuestra misión es la de hacer posible que la gente pueda hacer más cosas, sentirse mejor y vivir más años”, la empresa Sara Lee fue declarada culpable, en un juicio del mes de junio de 2001, por vender salchichas en mal estado, que mataron a 15 personas y causaron seis abortos; en 1998, la empresa Sara Lee vendió hot dogs infectados con la bacteria listeria, que se envasaron en su fábrica de Bill Mar, en el estado de Michigan de los EE.UU. La empresa tuvo que retirar más de seis millones de kilos de salchichas después de la aparición del brote de listeriosis, pero esta medida llegó demasiado tarde para las personas de más edad y más vulnerables, víctimas de la carne infectada. Los inspectores se encontraron que en la fábrica había muy poca higiene y, además, durante la inspección, se descubrieron alimentos que estaban contaminados con heces. Sara Lee pagó 4,4 millones de dólares estadounidenses tras el acuerdo con la Fiscalía Federal norteamericana, aunque las víctimas montaron en cólera cuando se enteraron de que la empresa había conseguido el permiso para declararse culpable de un delito de menor cuantía, para poder así ahorrarse un cargo más grave como delito mayor. Irónicamente, el eslógan de la multinacional Sara Lee es: “Con la integridad se consigue el triunfo”.

Sorprendentemente, el director de la empresa tabacalera Derek Bonham fue también miembro del consejo de administración de Glaxo hasta su jubilación en la asamblea general anual de Glaxo, realizada en mayo de 2001. Bonham es el director de la empresa tabacalera Imperial Tobacco, fabricante de los cigarrillos Lambert & Butler y de otras marcas. Glaxo vende, al mismo tiempo que sus medicamentos para el cáncer y las enfermedades respiratorias, tres productos más dedicados específicamente a los fumadores. La empresa ingresa cada año unos 750 millones de e por la venta de Nicorette y Nicoderm, para dejar el hábito del tabaco, y de Zyban, su último descubrimiento contra la adicción a los pitillos.

Al ser interpelado por sus descomunales negocios, el portavoz de Glaxo comunicó a The Ecologist que todos estos directores “aportaban una considerable cantidad de experiencia al consejo de administración”. Más adelante, al referirse a los directivos de Glaxo que eran también directores de otras compañías, justificó sus efectos beneficiosos al tratarse de negocios y empresarios “de elite”.


¿Calidad de vida?

La empresa, en el inicio de su Informe Anual, ha establecido que la misión principal de GlaxoSmithKline es “mejorar la calidad de la vida de las personas”. Sin embargo, en su consejo predominan los directivos de empresas de bebidas alcohólicas, armas e industrias contaminantes, además de otras empresas que propician las dietas con un contenido alto de azúcar y grasas.

Más en concreto, Donald McHenry, un directivo de Coca-Cola, también forma parte del consejo de Glaxo. Coca-Cola ha sido muy criticada por tener un alto contenido de azúcar en sus bebidas, cuyo elevado consumo provoca obesidad y diabetes de tipo 2 o tardío. Hans-Joseff Brinkmann, un político del gobierno regional de Alemania, está intentando llevar a Coca-Cola ante un tribunal por haber causado
este tipo de diabetes. Paul Allaire, directivo de Glaxo y director de la empresa Sara Lee, ha sido objeto de repetidas críticas por vender comida en mal estado. El Centro Science in the Public Interest, de Washington, ha calificado de “pornografía alimentaria” algunas de las campañas publicitarias de Sara Lee para la promoción de sus alimentos grasos y azucarados. Tanto Coca-Cola como Sara Lee apoyan al grupo industrial alimentario Grocery Manufacturers of America, que ha arremetido contra el centro Science in the Public Interest, ridiculizándolo como “policía de los alimentos”. Mientras tanto, Glaxo se embolsa cada año 735 millones de e por la venta de Avandia, un medicamento para tratar la diabetes de tipo 2.

Dos miembros del consejo de administración de Glaxo proceden del sector de las bebidas alcohólicas. Sir Christopher Hogg es directivo de Allied Domecq, la empresa fabricante de Tía María, además de
pertenecer al consejo de Glaxo. Sir Ian Prosser simultanea también su cargo en Glaxo con la presidencia de Pub Owner Bass. Mientras, la empresa Glaxo está entusiasmada promocionando la venta de su
medicamento Zofran para tratar el alcoholismo.

Tres miembros directivos de Glaxo trabajan también en empresas que son conocidas por ser muy contaminantes. Sir Roger Hurn, vicepresidente de Glaxo, es también miembro del consejo directivo de
la industria química ICI, que en 1999 ocupó el primer lugar en la lista de empresas contaminantes realizada por la Agencia de Medio Ambiente y calificada como “el ránquing de la vergüenza”. Sir Ian Prosser, además de directivo de Glaxo, es asimismo vicepresidente de BP Amoco, de forma análoga a John Young, que también pertenece al consejo de administración de Chevron. Tanto BP como Chevron son dos grandes compañías petrolíferas muy contaminantes en todo el mundo. Para finalizar, el doctor Jean Pierre Garnier, director ejecutivo de Glaxo, realiza su contribución particular a la “calidad de la vida humana” sentándose en el consejo de administración de la empresa fabricante de armas United Technologies, que fabrica el helicóptero Blackhawk y otros aviones de guerra.

The Ecologist ha preguntado a Glaxo si los intereses extraordinarios de sus directivos son un síntoma de que estos ejecutivos estaban más interesados en enriquecerse que en ocuparse de la salud de las
personas. El portavoz de la empresa replicó: “Los directivos tienen responsabilidades para con sus accionistas”.


Solomon Hughes es un periodista free-lance que colabora habitualmente en Private Eye, The Observer y Red Pepper. Asimismo, ha escrito artículos para las publicaciones británicas The Express, Independent y The Guardian, y también para la norteamericana In These Times.


Fuente: The Ecologist para España y Latinoamérica

 

 

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