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Vídeos y documentos de: Información alternativa La psiquiatría parte I: Negocio millonario
01-12-2010

 

“La Psiquiatría es en realidad una pseudo-ciencia sin base científica alguna”

(Tomas Szasz)

Voy a empezar la entrada con un vídeo de la persona que me descubrió parte de la verdad y que inicia este artículo, el Dr. Thomas Szasz, que básicamente es un médico psiquiatra con conciencia. No obstante si quieres más información personal sobre su persona,  te remito a la Wiki.

Pero antes de continuar, tienes que entender que lo que hoy en día se consideran enfermedades mentales, no son más que problemas éticos o comportamientos que no están bien vistos socialmente. Solo una pequeña parte de los problemas mentales, están realmente provocados por algún agente fisiológico (p.ej. falta de riego o infección de algún parásito como el Toxoplasma Gondii).

Hace algún tiempo visité a un amigo con un problema de depresión en la sección psiquiátrica de un hospital y puedo decir que cualquier persona cuerda que se pasara allí una temporada acabaría realmente con serios problemas mentales. Desde aquí,  quiero expresar mi seria preocupación y enviar una advertencia a los padres que se han dejado convencer de que sus hijos tienen algún tipo de enfermedad, problema o desviación mental y les están administrando algún tipo de droga con el beneplácito de su psiquiatra:

 

Los fármacos para los “problemas mentales” (psicofármacos) siguen siendo un negocio redondo a pesar de que no sirven absolutamente para nada.  Y ello es posible sencillamente porque la ética brilla por su ausencia en nuestra sociedad (Jose Antonio Campoy)


Por otra parte quiero dar a conocer la web de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos (CCDH), he aquí la carta de presentación de su presidente, Juán J. Melgarejo Ruíz:

 

Hoy día se pretende hacer creer a muchas personas sanas que padecen trastornos mentales o, al menos, hacerlas dudar para que se planteen esa posibilidad. A ello se dedican actualmente muchos psiquiatras. Claro que en la “biblia” de la Psiquiatría el DSM IV (acrónimo inglés del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) casi no existe conducta, emoción, sensación o actitud que no esté contemplada ya como “enfermedad mental”. Si eres activo y capaz se te considera “hiperactivo”. Si un día debido a un problema estás triste y por la tarde contento -porque lo has resuelto- te califican de persona que padece un “trastorno bipolar”. Vamos, que según esos “expertos” no debe haber más gente sana que la que no expresa sus emociones. Cuando la verdad es que la industria farmacéutica y los psiquiatras lo único que pretenden es convertirnos a todos en pacientes porque obtienen beneficio de ello. Y lo más vergonzoso es que ya se dedican incluso a medicar a niños. ¡Hasta a los de un año de edad! Lamentable. Lo inconcebible es que la Psiquiatría es en realidad una pseudociencia sin base científica alguna. Lo asegura el profesor emérito de Psiquiatría de la Universidad de Siracusa de Nueva York (EEUU) Tomas Szasz, conocido crítico de los fundamentos morales y científicos de esta disciplina y uno de los referentes de la Antipsiquiatría mundialmente famoso por sus libros El mito de la enfermedad mental y La fabricación de la locura: un estudio comparativo de la inquisición con el movimiento de salud mental. Los fármacos psiquiátricos tienen graves efectos secundarios que en muchos casos inducen a la violencia y al suicidio aunque los “expertos” aleguen gratuitamente que esa conducta, acción o tendencia suicida se haya debido a algún “brote psicótico”. Estamos seguros de que si las personas que aceptan ingerir esos fármacos se tomaran el tiempo suficiente para leerse los prospectos se lo pensarían dos veces antes de consumirlos Es más, experimentarían reacciones fisiológicas y endocrinas solo leyéndolos. La propia FDA acusó en su día a la multinacional Eli Lilly, fabricante del Prozac, de ocultar que ese fármaco puede provocar conductas agresivas e intentos de suicidio. Lo cierto, empero, es que cada día se diagnostican más depresiones y otras patologías mentales que se tratan con fármacos porque siempre hay una “pastillita milagrosa” que los psiquiatras ofrecen a quienes en realidad lo que de verdad necesitan es comunicarse y sentir cariño y apoyo. A través del marketing se está convenciendo a muchas personas de que están “enfermas” -o podrían estarlo- cuando tienen problemas que no saben resolver y éstas aceptan que puede ser así porque es más cómodo echar la culpa de lo que les pasa a una situación ajena a ellos que no controlan que tener que afrontarla. Se consigue así hacer “clientes”. Cuando en la asociación que presido estamos persuadidos de que la comunicación es el disolvente universal de los problemas psicoemocionales y la alternativa más inteligente para cualquier “problema” que nos abrume. Lo irracional –aunque sea lo que proponen los psiquiatras- es elegir el camino de las drogas psiquiátricas. Nuestro mensaje, en suma, es claro y contundente: existen alternativas al tratamiento farmacológico psiquiátrico y de ahí nuestra labor para concienciar, prevenir y desenmascarar los abusos que se están produciendo en el ámbito de la salud mental. Vamos a ser muy claros: Los tratamientos psiquiátricos vulneran los derechos fundamentales del ser humano.

Juan José Melgarejo Ruiz
Presidente de la Comisión Ciudadana Derechos Humanos (http://www.ccdh.info/)


¿EXISTE LA ENFERMEDAD MENTAL O ES UN INVENTO PARA COMERCIALIZAR PSICOFÁRMACOS Y SER UTILIZADO COMO INSTRUMENTO DE PODER OPRESIVO DE DISIDENTES DEL SISTEMA SOCIAL?
Semánticamente, enfermedad significa simplemente lo opuesto a tranquilidad o alivio. Pero por enfermedad no queremos decir cualquier cosa que perturbe la tranquilidad, ya que tal definición significaría que perder un empleo o los problemas que acarrean las guerras, las depresiones económicas o las riñas con la pareja serían “enfermedades”.
En el artículo: ¿Existe la enfermedad mental?, Lawrence Stevens, J.D. Demuestra que no hay anomalías biológicas responsables de las llamadas enfermedades o trastornos mentales porque la enfermedad mental no tiene existencia biológica. También argumentó que “la enfermedad mental tampoco tiene una existencia no biológica, excepto en el sentido que el término se usa para indicar desaprobación de algún aspecto de la mentalidad de la persona.
En 1992 un panel de expertos reunidos por la Oficina del Congreso Americano de Evaluación Tecnológica concluyó: “Muchas preguntas quedan sin contestar acerca de la biología de los trastornos mentales. De hecho, las investigaciones aún tienen que identificar causas biológicas específicas para cualquiera de estos trastornos… Los trastornos mentales se clasifican sobre la base de síntomas porque aún no existen signos biológicos o pruebas de laboratorio para ellos” (La biología de los trastornos mentales, U.S. Govt Printing Office, 1992, pp. 13 & 46). Otro autor afirmó que “Es un hecho no reconocido el que los siquiatras son los únicos especialistas médicos que tratan trastornos que, por definición, no tienen causas o curaciones conocidas…”
Un diagnóstico debe indicar la causa del trastorno mental, pero como diré posteriormente, como las etiologías de la mayoría de los trastornos mentales es desconocida, los actuales sistemas de diagnóstico no pueden reflejarlos”
Algunas veces se dice que el que las drogas siquiátricas “curen” un pensamiento, emociones o conducta que se denomine enfermedad mental, demuestra la existencia de causas biológicas en las enfermedades mentales. Este argumento es fácilmente refutado. Supongamos que alguien toca el piano y que no nos guste que lo haga.
Supongamos que lo forcemos a que tome una droga que lo invalide tanto que ya no pueda tocar más. ¿Probaría eso que su afición musical era causada por una anomalía biológica que fue curada por la droga? Esta forma de pensar,
tan tonta como parece, es común entre los psiquiatras. La mayoría de las drogas psiquiátricas (si no es que todas) son neurotóxicas, esto es, producen en mayor o menor grado una incapacitación neurológica generalizada: detienen la conducta que disgusta a algunos, incapacitando tanto a la persona que ya no puede sentirse enojada, infeliz o deprimida.
Pero llamarle a esto “curación” es absurdo, tan absurdo como la extrapolación que la droga le debió haber curado a tal persona una anomalía biológica, misma que causó las emociones o conductas que a algunos les disgustaron. Se cree que la gente está enferma mentalmente sólo cuando su pensar, emoción o conducta es contraria a lo que es considerado aceptable, es decir, cuando a otros (o a los pacientes mismos) no les gusta algo acerca de ellos. Una manera de ver el absurdo de llamarle a una cosa enfermedad, no porque haya anomalía biológica sino porque algo
nos disgusta en una persona, es observar cómo difieren los valores de una cultura a otra y cómo cambian con el tiempo. Estos escritores aseveran que debido a que una conducta es considerada normal y saludable en una cultura, pero neurótica o aberrante en otra, todo es una cuestión de prejuicios culturales.
Quienes mantienen esta posición insisten que lo más que uno puede hacer es definir la salud mental como el acato a las normas culturales, declarando que el hombre está psicológicamente sano en la medida en que esté adaptado a su cultura… La pregunta obvia que surge ante tal definición es ¿qué pasa si los valores y normas de una sociedad dada son irracionales? ¿Puede la salud mental consistir en estar adaptado a tal irracionalidad? Aunque los practicantes de psiquiatría y de sicología “clínica” no lo admitirán, estas disciplinas tratan esencialmente de valores -valores ocultos bajo la manta de un lenguaje que hace que nos parezca que no son valores sino que se habla de promover la “salud”.  A diferencia de las enfermedades físicas donde hay hechos físicos que tratar, la “enfermedad mental” es completamente una cuestión de valores, de lo correcto y lo equivocado, de lo apropiado y lo inapropiado.
Un caso que se refiere a diferentes culturas es el del suicidio. En muchos países como Estados Unidos y la Gran Bretaña una persona que se suicida, que intente hacerlo o que piense seriamente en el suicidio es considerada mentalmente enferma. Sin embargo, esto no siempre ha sido así en la historia, ni siquiera en toda cultura contemporánea. El mejor ejemplo de una sociedad donde el suicidio es aceptado socialmente es el Japón. En lugar de considerar el hara-kiri como resultado de una enfermedad mental, en algunas circunstancias los japoneses lo consideran normal y aceptable, como cuando salvaguardan su honor o si un japonés es humillado por algún fracaso.
¿No se realizan actos virtualmente suicidas para salvar a otros soldados o al propio país durante guerras, y no se les considera enfermedad sino valentía? Parece que condenamos (o “diagnosticamos”) a los suicidas como locos o enfermos sólo cuando terminan sus vidas por razones egoístas (como “¡Es que ya no puedo más!”) más bien que cuando benefician a otros. El punto en cuestión parece ser éste y no el suicidio. Lo que demuestran estos ejemplos es que la “enfermedad mental” es simplemente desviarse de lo que la gente quiere o espera en una sociedad en particular.
La “enfermedad mental” es cualquier cosa en una mentalidad humana que ocasione gran disgusto en otra persona que lo describe así. Lo que está mal con este enfoque es decir que alguien tiene una “enfermedad” siquiátrica sólo porque él o ella no encaja en el cuadro del supuesto diagnosticador o con las ideas de otros sobre cómo “debe ser” respecto a los estándares de vestirse, conducta, pensamiento u opinión. Claro, cuando esto involucra violar los derechos de otros, el no acatar las normas o valores sociales debe detenerse por medio de la ley. Pero el llamarle a una conducta que no nos gusta “enfermedad”, o el suponer que debe estar causada por una enfermedad sólo porque es inaceptable para los valores actuales, carece de sentido. Nosotros le llamamos así porque no conocemos las verdaderas razones del pensamiento, emociones o conducta que nos desagradan. Cuando no entendemos estas razones, creamos mitos para dar una explicación. En siglos anteriores la gente usó mitos como espíritus malignos o posesiones demoníacas para explicar un pensamiento o conducta inaceptables. Actualmente la mayoría de nosotros creemos en el mito de la enfermedad mental. “Creer el mito es más reconfortante que reconocer nuestra ignorancia”. En lugar de ayudarnos a entender cómo tratar a gente con problemas, o a gente problemática, el mito de la enfermedad mental nos distrae de los problemas reales que requieren enfrentarse. En vez de estar causados por “desequilibrios químicos” u otros problema biológicos, el desacato a las normas y las reacciones emocionales que les llamamos enfermedades mentales son el resultado de dificultades que la gente tiene para satisfacer sus necesidades, y también tal conducta es resultado de lo que esta gente ha aprendido en sus vidas. La solución es enseñarle a la gente cómo satisfacer sus necesidades, cómo comportarse y usar cualquier posición que tengan en la sociedad para forzar a otros a respetar sus derechos. Éste es un trabajo de educación y de vigencia de la ley, no de medicina o de terapias (Guillermo Pérez).

 

(Continúa en la  Psiquiatría Parte II: El informe Bustamante)

 

 

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